Posteado por: taniquetil | marzo 21, 2008

Christopher Dawson sigue dejando lecciones

El año pasado encontré este artículo, que hizo recordar la obra de Christopher Dawson, uno de los más renombrados historiadores del siglo XX, pero por sorpresa NUNCA fue mencionado en la Universidad donde cursé la carrera de Historia, pues el pensamiento de Dawson va en contracorriente con la historiografía “políticamente correcta”, según la cual el economicismo y las diversas variantes marxianas aún se aferran en las mentes de algunos intelectuales.

Dawson desafía todo eso, y desde la década del veinte anunció un proceso que ahora está en uno de sus momentos más críticos: la secularización de la cultura occidental. A continuación les presento la primera parte del artículo que me hizo redescubrir a Dawson, luego pondré más novedades.

Entrevista con Jaime Antúnez Aldunate, autor de un libro sobre el filósofo de la historia

SANTIAGO DE CHILE, martes, 11 junio 2007 (ZENIT.org).- Treinta y siete años después de su muerte, Christopher Dawson, el filósofo de la historia, sigue dejando lecciones, en particular a los creyentes, constata el doctor Jaime Antúnez Aldunate, quien ha publicado un libro.

El director de Humanitas ha profundizado en su libro «Filosofía de la historia en Christopher Dawson», Ediciones Encuentro (www.ediciones-encuentro.es) en la herencia intelectual y espiritual de este anglicano británico, nacido en 1889, quien se convertiría en su juventud al catolicismo.

Al destacar la influencia que tiene este autor, Antúnez, en una entrevista concedida a Zenit, constata que «es indicativo que un «best seller» en el debate contemporáneo, como Samuel Huntington, dé inicio al más divulgado de sus ensayos –«The Clash of Civilizations»–, citando, entre los autores modernos a Christopher Dawson».

Tres son las obras fundamentales de Dawson: «Progress and Religion» (concebida originalmente como introducción a un largo proyecto titulado «The Life of Civilizations», que no llegó a realizarse en su integridad); «Religion and Culture»; y, «The Dynamics of World History» («La Dinámica de la Historia Universal»).

-¿Es Dawson un puro historiador? ¿Estamos frente a un filósofo de la cultura? ¿Trátase su obra de una filosofía de la religión? ¿O bien de una filosofía de la historia?

–Jaime Antúnez: Una respuesta ajustada obliga a afirmar, en primer lugar, que una preocupación de esa índole estaría lejos de inquietar al propio Dawson. Se sentiría seguramente incomodado y desde luego dubitativo en cuanto a qué responder. Quien haya leído su obra verificará, en segundo lugar, que podría perfectamente darse incluso una respuesta afirmativa a las cuatro posibilidades que me formula, pues en el historiador Christopher Dawson hay en efecto, al mismo tiempo que una filosofía de la cultura, una filosofía de la religión y, por cierto, también una filosofía de la historia. Es verdad que en alguna ocasión nuestro autor parece reluctante a que lo consideren primordialmente un filósofo. Asimismo, para algunos conocedores de su obra, el mayor valor suyo radica en la inteligencia y enorme amplitud panorámica de sus percepciones, más que en la estructuración rigurosa de una filosofía o en un estudio filosófico de la historia, como puede verse por ejemplo en su contemporáneo, también británico, Arnold Toynbee. Si esto es efectivamente así, nadie entre tanto podrá negar el valor, la hondura y la originalidad de una importante cantidad de intuiciones filosóficas suyas, nacidas de la meditación de la historia, así cómo la consistencia que se desprende del conjunto de ellas, aun cuando a veces adolezcan de cierta falta de sistematicidad.

–Precisamente usted dedica el segundo capítulo de su libro a confrontar el pensamiento de Dawson con el de Spengler y el de Toynbee.

–Jaime Antúnez: Esto me pareció una tarea útil y hasta necesaria en orden a profundizar en el significado y valor de la obra de Dawson, pues introduce en seguida al lector en su horizonte filosófico propio y, lo más importante, lo sitúa de entrada como un autor distante y contrapuesto a las escatologías inmanentistas o intramundanas, y a las filosofías de la historia impregnadas de idealismo hegeliano manifiesto o difuso, que tanto proliferaron en el siglo XX… Dawson dedica por lo demás, a cada uno de los dos autores mencionados, un capítulo especial de «La Dinámica de la Historia Universal», amén de numerosos comentarios esparcidos en sus libros y artículos.

–Parece quedar así respondido que en el estudio de la obra de Dawson, si bien puede hacerse un enfoque centrado en el historiador que fue, también se lo puede hacer en el filósofo.

–Jaime Antúnez: Así es. Por eso también tuve la preocupación de poner de relieve aquellas investigaciones y reflexiones suyas que contribuyen a iluminar el horizonte de sentido de los hechos humanos. Hay que decir –a propósito de la filosofía de la historia– que Dawson es un decidido defensor de lo que llama «metahistoria» –su propio y más genuino campo de pensamiento– ámbito en el que cohabitan y se complementan desde la historia hasta la teología, pasando por la sociología, la ciencia política, la antropología, el arte y la filosofía.

Particular relevancia tiene en el conjunto de esta «metahistoria» dawsoniana, la concepción de la cultura. Ella atraviesa y enriquece toda su obra y resulta de una equilibrada ecuación de elementos materiales –«biologismo moderado» podríamos llamarla, que comprende desde el contexto geográfico hasta la conformación de las razas– y elementos espirituales, fórmula que supera con ventaja los desequilibrios producidos por diferentes determinismos filosóficos. En dicha ecuación prevalece siempre el factor espiritual –garantía última de la libertad humana– pues la síntesis de una cultura se obtiene para Dawson en el plano de la inteligencia, siendo la más alta expresión de ésta, postula, la inteligencia de la religión.

–Pero esto va más lejos en Dawson, apuntando hacia una visión de la historia «bajo la especie de lo eterno»…

–Jaime Antúnez: Hay efectivamente en todo esto, como ya se puede intuir, infinitamente más. Pues en último término la luz aportada por el judeocristianismo a la intelección de la historia, que Dawson asume, encuentra su natural culminación en la propia presencia de lo divino en la historia: Dios se ha revelado primero al hombre y más tarde se ha hecho hombre por la encarnación de la segunda Persona de la Trinidad. Encarnación y Trinidad constituyen así el eje de la «metahistoria» desarrollada por Dawson. Queda puesta así ante nuestros ojos, efectivamente, la historia «sub specie aeternitatis», como él lo expresa.

–Destaca usted que aquello que definitivamente marca el carácter de una cultura y de una civilización y su diferencia con otra será, en la perspectiva de Dawson, una determinada visión del mundo, un cierto concepto de la realidad.

–Jaime Antúnez: Ni la región, ni la raza, ni siquiera la lengua –resultado de una tradición racional– guardan para él comparación en sus efectos sobre la cultura, con aquel que tiene el mundo interior propio, que es el que la define. Podrá dicha visión ser el resultado de generaciones de pensamiento y acción común o brotar de la repentina inspiración de un espíritu iluminado. Entre tanto, prácticamente siempre, su efecto sobre la «materialidad» de la cultura será infinitamente más apreciable que el que dicha «materialidad» pudiera en alguna circunstancia llegar a tener sobre el espíritu de la cultura. Esta preeminencia de la inteligencia en la concepción de la cultura no implica, como es fácil advertir, que Dawson esté de algún modo comprometido con el punto de vista intelectualista de los filósofos de los siglos XVIII y XIX. Mientras estos niegan a la religión su influencia vital en el plano del progreso humano –no serían las religiones más que estadios en el paulatino autodesarrollo del Espíritu puro, afirman– nuestro autor amplía el concepto de mente humana considerando en él todo el hondo espacio de la conciencia. Analiza el desarrollo de las más diversas sociedades, desde las primitivas hasta las de nuestro tiempo, indagando en las características de las grandes crisis de la historia y en la reacción que tienen ante ellas las distintas fuerzas vitales que dan soporte a las sociedades, y concluye que, en el curso de los siglos, puede comprobarse de modo reiterativo que la religión es la mayor «fuerza cohesiva» de la cultura y que constituye la «clave de bóveda» de toda gran civilización, ello hasta el punto que cuando una sociedad pierde su religión, tarde o temprano pierde su cultura.

–La historia de la cultura se diseña así a los ojos de Dawson como esos manuscritos antiguos que conservan siempre las huellas de escrituras anteriores, nunca enteramente borradas, y que se conocen con el nombre de «palimpsestos», recuerda usted.

–Jaime Antúnez: En estos, en los trazos dejados por las culturas primitivas y también por las más desarrolladas, figura un mundo que yace profundamente bajo la superficie de la conciencia, explica Dawson. Fluye también de esta concepción de la cultura el carácter eminentemente conectivo del conocimiento histórico, de la historia como memoria, tradición y conocimiento interior, sobre todo.


Respuestas

  1. Dawson fue uno de los más lúcidos pensadores del siglo XX. Yo sí tuve la suerte de estudiarlo en la Universidad (Católica, deLima), allá por los sesentas, y gracias a uno de los más notables profesores que esa Universidad tuvo: Onorio Ferrero (filósofo, teólogo, historiador, orientalista). Pasan los años, en verdad las décadas, y siempre releo a Dawson; y me parece que con el tiempo gana en autoridad.

  2. Siempre Dawson actual como Belloc y Chesterton son los clasicos del siglo 20

  3. [...] Christopher Dawson sigue dejando lecciones marzo, 2008 2 comentários [...]


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